Donde la tierra recuerda
Hay lugares donde el tiempo no pasa. Se queda.
En este camino hacia Montejurra, cerca de la ermita de San Jorge, la tierra guarda una memoria antigua. Muy antigua. Tan antigua que nos lleva hasta el siglo I después de Cristo.
Aquí aparecieron las aras.
Pequeños altares de piedra dedicados a los dioses, a las fuerzas invisibles que habitaban el mundo antes de que los nombres cambiaran. Las aras eran ofrenda y palabra. Un modo de hablar con la tierra, de pedir protección, de agradecer la vida.